Vitoria-Gasteiz Medio Maratón Martín Fiz

A no ser que seas Fernando Alonso nunca esperas que te vaya a pasar a ti. Sí, alguna vez has pensado que puede pasarte, que hoy no es tu día, que se acabe ya este sufrimiento , que si en la cama se estaba mejor… pero bueno, te agarras a lo que te quede dentro y consigues llegar, pero Vitoria tenía un plan retorcido para este fin de semana.

Después de un mes y medio de entrenamientos todo hacía indicar que estaba listo para la carrera, objetivo 1h32m, solo tenía que ir y poner en el papel lo estudiado, pero el jueves amaneció con tormenta, por dentro y por fuera, llovía en la calle y mi cuerpo ya me decía que algo no iba bien: mocos y dolor en el pecho. Intentando no hacerle caso a lo que sentía, como si fuera a irse solo, el sábado nos fuimos a Vitoria temprano, recogida de dorsal, el pecho cada vez peor, los mocos y el nuevo invitado sorpresa: la fiebre.

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Me despierto a las 5:30, empapado en sudor, me duele al tragar y cada vez que toso me recorre fuego por el pecho, esto no tiene buena pinta pero por intentarlo no va a ser. Desayuno y me voy andando al guardarropa en Plaza de España, escupo a un ritmo más alto del que voy a llevar en carrera en una hora, el pecho me oprime, cada vez pinta peor. Me miro en el reflejo de un escaparate, doy miedo. Dejo la mochila y me voy a la salida, empiezo a calentar y se va sintiendo el ambiente, me vengo arriba, me olvido del dolor, con la música empiezo a visualizar el ritmo de carrera y que todo va a salir bien, vamos, un rato sufriendo un poco y lo consigues, está hecho.

Cuenta atrás y disparo, la gente bastante respetuosa con los ritmos de salida, no cuesta demasiado meterme en un grupito y empezar a correr cómodo. El objetivo está en ir entre 4’30” y 4’20”, miro el pulsómetro y me asusto, estoy disparado pero las piernas responden, así que al lío. Me mantengo con el grupo del principio sin problemas, me aprovecho de ellos y voy tapándome el viento que empieza a soplar. Pasamos por el kilómetro 5 en 22 minutos clavados, me convenzo de que todo va bien, pero cada vez que respiro fuerte me duele más el pecho, me oprime, las piernas siguen frescas así que seguimos para bingo. Kilómetro 8, empiezo a pensar que me está costando más de lo normal, el dolor del pecho va a más, sigo alto de pulsaciones y no tiene pinta de que vaya a ir a mejor, además, en la segunda parte de la carrera tengo que apretar un poco cada kilómetro para asegurar el tiempo final. El kilómetro 9 pica hacia arriba, duele todo pero es la zona con más animación y lo supero, me anima un hombre que me pregunta si vengo desde Cádiz, yo ya no tengo ni ganas de hablar, no le hago el caso que debería. Pasamos el kilómetro 10 en 44 minutos y pico, sigo con el plan de carrera pero ahora las sensaciones son fatídicas, el pecho me duele cada vez más y ya me estoy planteando seriamente abandonar, el siguiente kilómetro me sale a 4’18” pero veo a Rocio y a Lucas animando y ahí pienso que no merece la pena seguir sufriendo, que me queda la mitad de carrera, que no estoy disfrutando y que este dolor que va a más no puede ser bueno. Me pongo un kilómetro más de margen para tomar la decisión, me adelanta la primera mujer del maratón (Enorme Natacha López, vaya historia la tuya, eres un ejemplo de superación), y justo en la pancarta del kilómetro 13 freno en seco, me voy a la acera, paro el reloj y me quito los imperdibles del dorsal para que no haya tentaciones de seguir. Es raro pero no estoy triste, no tengo remordimientos, he dado el 150% hoy, no estaba en mi mano y me voy andando hasta el kilómetro 15 donde me esperaba Rocio a que volviera a pasar.

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Imagen: lasprovincias.es

Me ve, me abraza, me anima y no habla demasiado hasta tantearme y ver que no estoy enfadado por lo que acaba de pasar. Vamos al guardarropa y decidimos adelantar la vuelta a Madrid un día, así puedo ir a que me vean y dormir en casa tranquilo. Se confirma lo peor, bronquitis. Y ahora sí me enfado, me enfado mucho. Me enfada no haber parado esto el jueves cuando ya se veía venir, me enfada no haberme dado cuenta de que no vivo de esto, me enfada haber sufrido con algo que debería hacerme disfrutar y me enfada no haber podido lograr el objetivo.

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Ahora tengo que parar al menos 5 días, recuperar bien y canalizar toda la ira que me recorre por dentro para el próximo objetivo. He abandonado pero creo que esto me ha hecho más fuerte y sobre todo me ha ayudado a darme cuenta de que es necesario utilizar la cabeza antes que los pies.

Ha sonado: Remember the name – Fort Minor

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