43.BERLIN MARATHON. Die Wende.

“Señor Gorbachov, eche abajo este muro”

Como si de Ronald Reagan en 1987 se tratara, llegamos a Berlín con esta idea, tirar todos los muros que me había encontrado en mis tres anteriores maratones: lesiones, peso, deshidratación, confianza, fuerza, resistencia… No podía quedar ninguno de ellos si esta vez quería cumplir con el objetivo marcado al principio de los entrenamientos: terminar en 3 horas y 30 minutos.

Si volvemos la vista atrás unos meses después de correr el Maratón de París ya había conseguido cambiar las sensaciones que tenía, mejorando los resultados en 10k hasta correr en 43 minutos y con mucha confianza en la preparación de mi primer major. Realmente sabía que “lo único” que tenía que hacer era hacerle caso a Belén, fácil, ¿eh?

En general, las 14 semanas de preparación han ido bastante bien, no he tenido lesiones ni problemas para cumplir los entrenamientos, los días de series sacaba brillo a las zapatillas como nunca antes y la novedad en esta preparación fueron las tres tiradas de 30 kilómetros que hice. Al principio las veía con un poco de recelo y al final han sido de los entrenamientos que más he disfrutado y que más fuerte de cabeza me dejaron. Dos pruebas con dorsal: una, un cross de 9k en el Parque Natural de Los Toruños en 38 minutos, puesto 27 de mi categoría en una semana de carga de kilómetros que me dio mucha confianza, y dos, el Medio Maratón del Bajo Pas en 1 hora y 39 minutos, para terminar de afianzar los ritmos previstos para Berlín.

La semana previa a la carrera tenía una sensación especial, un sentimiento de que todo iba a salir bien, de que tantos kilómetros en los entrenamientos (950km en total) habían sido tarea suficiente para solo tener que pasearme por Berlín el domingo, pero bueno, tampoco iba a ser tan fácil. El jueves empecé la carga de hidratos aumentando una mitad más en cada comida y reduciendo la proteína en la cena, así que hasta el domingo pasta, arroz y legumbres acompañaban a la verdura a todas horas. El viernes llegamos de noche con el tiempo justo para registrarnos en el hotel y salir a cenar para no acostarnos tarde.

El sábado desayuno, foto con Martín Fiz que compartía hotel con nosotros, visita obligada a la Feria del Corredor para recoger los dorsales y un paseo a ver si veíamos algo que mereciera la pena… Vaya decepción, el sábado a las 9:30 de la mañana no quedaban tallas (normales) de casi ninguna prenda así que nos quedamos con mal sabor de boca… Hay que decir que el mal sabor se borró con la pizza que nos comimos un rato más tarde.

Unas ganas tremendas me recorrían por dentro, seguía sin noticias de los nervios pero solo quería despertar en domingo y vestirme para salir… Sin desearlo mucho más mis sueños se cumplieron: ya era domingo.

Desayunar, vestirme, paseo a la línea de salida con el resto del grupo, esperar la cola del baño hasta 5 minutos justo antes de salir, correr hacia el cajón, que de gente hay, ¡dejadme pasar que se van los de 3:30! Poner un pie en el asfalto del cajón y así uno tras otro sin parar, música, mucha gente, muchísima gente que aplaude, grita, sonríe, hace fotos, más música, pantallas gigantes, ¡ay dios que ya no se puede parar! Tiramos, pasamos por debajo del arco y silencio total en mi cabeza, sensación de aislamiento, este va a salir bien, no dejo de repetírmelo, te lo mereces, este sí, este es el tuyo, esto es un Major y Rocio ya te ha comprado la camiseta de Finisher, así que si tienes algo de orgullo, termina esta carrera y termínala tal y como has preparado, ambicioso pero sin perder el foco, sonriendo al escuchar a los que dudaban, la tarea está hecha, el examen estudiado: ¡DISFRUTA!

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Pero yo no he aprendido a disfrutar todavía, me empeño en darle un toque épico involuntariamente a todo y en el kilómetro 2 empiezo a notar como si me estuviera explotando la vejiga: ¡no puede ser! Acabo de perder 45 minutos en la cola del baño y nada más salir ¿otra vez? Kilómetro 3, o paro o me va a dar algo (he ido al baño al recordarlo mientras escribía, creo que tengo un problema), se lo digo a Maite: “sigue por la izquierda que ahora te cojo”, paro en un seto 10, 15, 20, 30, 40… ¡60 segundos! ¿Pero esto qué es? Café, zumo, agua, batido de proteínas y powerade, sí eso es exactamente. Ya empiezo a darle vueltas a la cabeza, otra vez liándola, otra vez tienes que salirte del plan y ahora a ver qué hago… Pues apretar el ritmo aunque por dentro no dejo de pensar que si aprieto demasiado estoy sentenciándome la carrera, estoy condenándome a tener una visita del Tío del Mazo en un par de horas, según el plan tengo que ir a 5:05, miro el pulsómetro y voy a 4:30, muy bien, vas a caer como una mosca. De pronto, sigo sin ver la gorra amarilla de Maite pero escucho que me llaman, es Agus acompañando a dos Tigers, me da mucha alegría verle pero estoy tan preocupado que no soy capaz de transmitírselo así que no pierdo más tiempo y vuelvo a apretar. En el kilómetro 8 nos esperan María y Rocio, así que intento dar otro apretón y ya sí, ya veo la gorra, ya me igualo y en un empujoncito consigo volver a rodar con ella, eso sí, la cabeza no para de dar vueltas. He subido de pulsaciones demasiado, he arriesgado y no dejo de repetirme una y otra vez que lo voy a pagar así que me quito el pulsómetro y se lo doy a Rocio al pasar a su lado, no quiero un motivo más para preocuparme, que sea lo que tenga que ser, me tomo el gel y empiezo a recuperar la respiración y el ritmo, no voy mal, no te empeñes en ir mal.

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Van pasando los kilómetros y Berlín es una pasada, muchos puntos de animación, la gente grita, aplaude y canta y nosotros seguimos avanzando cumpliendo la estrategia de carrera, primer parcial más lento que el segundo.

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En el kilómetro 13 noto un pequeño bajón, estamos rodando un poco más rápido y creo que estoy pagando el esfuerzo del principio, dejo ir a Maite 100 metros, sin perderla de vista pero lo suficiente para recomponerme y hacerme fuerte, empiezo a sentirme mejor, otro gel, las sensaciones no son buenas pero el ritmo no baja y no me siento incómodo, esto va a salir, aprieto un poco para volver a unirme a Maite y pasamos la media maratón clavando el tiempo previsto, nos vuelven a animar María y Rocio, rodamos un poco con Agus que venía desde atrás y nos caza, nos da ánimos, nos dice que vamos bien y que lo vamos a conseguir, ¡ojalá! Ahora sí, toca el tramo que habíamos previsto hacer más rápido para ir compensando el planteamiento del split negativo que llevábamos, nos toca ponernos a 4:50 y el kilómetro 30 lo pasamos en 4:39, parece que sí, que los fantasmas han desaparecido, que Berlín es precioso, que las piernas no se quejan, que la respiración entra y sale como si tuviera un director de orquesta en el pecho, ¡solo faltan 12 kilómetros! Pero claro, ¿y si volvemos a entonar la música de psicósis y le añadimos un poco de drama? Vejiga, no, otra vez no. Me empieza a doler mucho, como si cada paso fuera un poco más de presión, un punto más de dolor que solo se va a solucionar haciendo una parada, así que justo paso el avituallamiento y me paro en medio de la calle (pido perdón a los berlineses pero no había ni árboles ni nada que filtrase), empiezo con un fuerte dolor que me preocupa (sí, justo ahí) pero va aliviándose poco a poco hasta que un cosquilleo me recorre la espalda, ¡ya está! ¡Vuela! ¡Huye de la escena del crimen! Paso por el kilómetro 32 y no veo a las cheerleaders, con la falta que me hacía… Pero no pasa nada, las voy a ver dentro de 10 kilómetros, acelero el paso pero esta vez ya no busco la gorra amarilla de Maite, es imposible hacerlo, ella va muy bien y apretar como al principio puede suponer tirarlo todo por la borda, así que voy con la mente en acelerar un poco para recuperar el tiempo perdido y solo apretaré hasta que note que el siguiente kilómetro no podré hacerlo igual, sin perder la cabeza, me noto fuerte, muy fuerte pero también empieza el cansancio, noto calor, un poco de sufrimiento y ya, no queda nada.

Adelanto el gel, necesito buenas sensaciones, no llegan, hay un puesto con Red Bull, nunca he tomado en carrera, no debería experimentar pero necesito beber algo, necesito energía. Sorbo, me derramo medio vaso encima, sorbo. A los 10 segundos tengo la boca MOMIFICADA, seca al extremo, los pies se pegan al suelo y hacen ruido, ¿qué cojones haces Carlos? Acabas de beber Red Bull a 20 minutos de meta y parece que has metido la boca en un ventilador, te gusta el riesgo. Kilómetro 38, primer sentimiento muscular, ¿ahora? ¿AHORA? En el 38 no vas a hacerme daño, ahora soy fuerte, más fuerte que el muro, más fuerte que nadie, ahora no hay forma humana de que me pare a lamentarme, duele, duele lo que quieras que hoy no seré yo quien llore, aprieto los dientes, ajusto el ritmo, creo que voy a entrar por encima de 3:30 por muy poco, pero me da igual, estoy disfrutando, esto para mi es el carrerón de mi vida. He aflojado el ritmo para ver si consigo buenas sensaciones, empiezo a adelantar a mucha gente, muchísimas gente. Paso por el marcador del kilómetro 40, si lo hago bien lo consigo, por primera vez soy consciente, subidón de adrenalina, aprieto ritmo, las calles serpentean, esto no se acaba nunca, kilómetro 41, se me bloquea la cadera en una curva, hago un gesto ridículo a punto de caerme de boca pero no me caigo aunque me asusto un poco, no puedes conmigo.

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Giro a la izquierda, todo vallado, la puerta al fondo, imponente, JODER ESTO PARECE EL TOUR DE FRANCIA, la gente grita, se escucha música, empiezo a apretar, veo a María y a Rocio, os quiero mucho pero no me voy a parar, no me puedo parar, paso por debajo de la Puerta de Brandenburgo: KILÓMETRO 42, meses soñando con esto, meses soñando con esta sensación, meses en los que era invencible en mis sueños: LO SOY, miro el pulsómetro: 3 horas, 29 minutos, ¡CORRE! Vuelvo a mirar, ritmo de 4:20, lo voy a hacer, me bombea el corazón sin parar, probablemente estoy a 200 pulsaciones, 100 metros, sonrío, abro los brazos, paso por el arco de meta, ¡SÍ! Hoy sí, ahora sí, aquí sí: 3 horas, 29 minutos, 43 segundos. Euforia, llanto, Maite me estaba esperando, nos abrazamos, lo hemos hecho, 14 semanas que han merecido mucho la pena, ¡ESTO ES LA LECHE! Maite en otro planeta, 3 horas y 27 minutos, impresionante.

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Ritmo medio 4:53/km, primera media en 1h46m, segunda media en 1h:43m. Sin problemas físicos, feliz del primer al último kilómetro y con unos recuerdos que no se me borran de la mente más de una semana después de la carrera, reconozco que he pensado más de una vez en qué hubiera pasado sin pararme dos veces a mear pero no es momento de eso. Berlín tiene magia, tiene un circuito perfecto, tiene una organización alucinante, lo tiene todo para llegar y soltar la lección como un niño que ha estudiado para el examen. Gracias Berlín.

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Gracias a todos los que lo habéis hecho posible, a Belén Rodríguez, a Javier Bores, el que me hizo ver que había otra forma de tomarse esto sin dejar de disfrutar, mi dosis de veneno y motivación diaria, a mi madre, sufriendo en la distancia y apoyándome aunque no le haga gracia que pase tantas horas corriendo, a mis amigos y compañeros, horas y horas hablando de lo mismo tienen que cansar, a Agus, esto empezó contigo y siempre lo voy a recordar, siempre tigre. Maite y María, sois dos compañeras de viaje espectaculares. Y lo más importante, Rocio. Dormir, madrugar, ayunar, cocinar, comer, limpiar, ayudar, animar, consolar, curar, querer, sonreír, soñar, hablar, callar, reñir y todo sin protestar (un poco si), es imposible que pueda expresar mi agradecimiento a lo que haces, porque sin ti esto no tendría sentido y no podría hacerse realidad, porque corriendo cuento los minutos para verte, porque solo el hecho de saber que estás ahí multiplica mi energía y mis ganas de conseguirlo. Y esta vez también Lucas, llevaba escrito tu nombre en el brazo, pensaba en ti y en que algún día te sientas orgulloso de tu padre tanto como yo lo estoy del mío, que ganas de verte.

Die Wende significa El Cambio en alemán y se refiere a la apertura del muro en 1989. Para conseguir esto me he enfrentado a mi propio cambio, a mi mismo, a mi zona de confort, a lo que algunos llaman sentido común y el muro lo hemos echado abajo nosotros con nuestro esfuerzo y sacrificio. Mi cambio acaba de empezar, ¿me acompañas?

Os espero en https://www.facebook.com/docesemanasrun/.

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