“Soy raro”

Hace poco me dijeron esta frase en una conversación y al principio no supe si tomármelo como una ofensa. Nunca me había considerado raro ni fuera de lo normal, si acaso un poco excéntrico cuando la ocasión lo requería, pero nada más. Entonces empecé a darle vueltas al asunto y puede que tuvieran razón: formo parte del 1% de la población mundial que ha conseguido terminar un maratón.

Ahora estoy preparando el segundo, porque el terminar uno no te convierte en maratoniano. Lo que te hace serlo es el sacrificio diario, el quitarle horas de diversión a cada día, el controlar los excesos y las fiestas durante 3 meses para no tirar al traste la preparación, el convencer a tu familia y amigos de que te apoyen porque sin ayuda no sería posible conseguirlo, el explicarle a tu madre que aunque te duela tienes que terminarlo y no puedes retirarte, el no reírte al pedir un tubo de vaselina en la farmacia cada semana, el explicarle a la gente lo delicados que son los pezones y lo importante que es protegerlos, el asumir que el mes anterior a la carrera el fisioterapeuta te toca más que tu pareja, y todos los pequeños detalles que hacen esta prueba tan especial y que convierten al maratón en un estilo de vida.

Mi padre me repitió una frase una y otra vez durante toda su vida: “Haz lo que quieras, pero lo que hagas, hazlo bien“. Con 31 años no me veo siendo campeón olímpico, pero no puedo encontrar una sola excusa para no ser el mejor “yo” posible, así que tras cruzar por primera vez la línea de meta y casi sin poder caminar bien, miré al cielo satisfecho y pensé: “lo conseguí, pero esto hay que mejorarlo“. Y en esas estamos, de camino a mi segundo maratón que con toda seguridad no será el último que haga.

Os encontraréis con gente que os llamará raros y locos, gente que os intentará desmotivar, gente que jurará conocer a alguien que murió tras correr un maratón, gente que os dirá que su médico les ha dicho que correr es malo… No les escuchéis. Ninguna de esas personas ha tenido la capacidad de hacer lo que vosotros, y es que a veces el miedo, la frustración y la envidia toma la palabra en muchas conversaciones.

Yo soy raro, ¿y tu?

Marathon Finisher
Mi mujer Rocio y mi amigo Mikel después de cruzar la meta
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